Mi experiencia conduciendo un coche de alta gama


Mucha gente sueña con tener un coche de lujo o superdeportivo, uno de esos vehículos que hacen que cualquiera se derrita en cuanto pasan volando. Muy pocos pueden conseguir tener un modelo de estos segmentos, ya que su valor suele ser prohibitivo. Son obras inalcanzables para la mayor parte de los mortales.

Aun así, los hay que consiguen comprar un coche de lujo o superdeportivo a base de empeñar todos su bienes y ahorros. Se hipotecan por cumplir un sueño. El problema llega, en la mayoría de los casos, cuándo se dan cuenta de que para tener un coche de lujo o superdeportivo no solo hay que tener el dinero para comprarlo… También hay que tener mucho, mucho dinero para mantenerlos. Y cuando decimos mucho, es mucho, creedme. Porque igual que el precio de venta que tienen este tipo de coches nuevos suele ser diez o veinte veces superior al de la media de coches que se venden en España. Los gastos que tienen asociados también se multiplican con la misma proporción.


De ahí que, en mi caso, decidí aventurarme con ser el orgulloso dueño de uno de estos super vehículos durante 48 horas. Y me pueden dar el dinero que quisieran a cambio de mis recuerdos y no lo aceptaría jamás. Pero si este fuera el caso, lo único en que lo gastaría seria en volver a alquilar el mismo modelo… bueno, quizás uno parecido. Y esto lo digo de manera tan liberal porque nunca, jamás, había sentido tanta emoción pasando por cada una de mis extremidades.

Decidí hacerme con un Ferrari California T y la posibilidad de alcanzar sus 316km/h en cochesylujo.com. No veía tan necesario pagar la suma total de 214.448€ ya que prefiero que eso lo hagan otros… pero si el hecho de controlar temporalmente sus 560CV y sentir la perfección técnica de su cambio automático. Y cuando digo perfección, lo digo con cada letra.


Tardé menos de cinco segundos en caer a los pies de este futuro icono y las siguientes 39 horas fueron determinadas por puras lágrimas de alegría y emoción. No puedo recomendar más atreverse durante el tiempo que sea y para la ocasión que uno quiera, ponerse al volante de una de estas bendiciones modernas. Para mí existe ahora mismo claramente un antes y un después en la automoción. La palabra conducir ha cogido varios significados y hasta el sonido de arranque puede ser un simple gesto diario o una sinfonía perfecta de componentes majestuosamente sincronizados.

Tampoco quiero entrar en los detalles porque la magia de vivirlo depende de cada uno. Con esto solo quiero animar a los que tenían o tienen sus dudas ante un gesto tan extraordinario. Si yo pudiese volver a ese primer encuentro con el Ferrari California T, lo haría sin ninguna pestañear, porque hay sensaciones que solo se viven una vez, y esta forma parte en lo más alto de sus posibilidades.


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